Panama

Miranda y el canal de Panamá

La idea de abrir un paso entre las aguas del Mar Caribe y las del Océano Pacífico es bastante antigua. Se dice que Vasco Núñez de Balboa, en 1513, fue el primero (entre los conquistadores, por supuesto) en darse cuenta de que la tierra que separaba ambos cuerpos de agua era muy estrecha; aunque en el momento los conocimientos habidos no llegaban al extremo de imaginar la posible construcción de un canal entre ambos mares. Faltaría investigar en los sobrevivientes códices de las culturas originarias que, como los Mayas, habitaron esa región desde tiempos inmemoriales, si también éstas lo habían pensado.

En todo caso, durante los primeros siglos de la ocupación europea de tierras americanas, la idea fue planteada una que otra vez a la Corona española; quien siempre la rechazó por considerarla perjudicial para sus intereses de dominio total sobre la región. Llegado el siglo XVIII, siglo en el que las verdades instituidas por el racionalismo cartesiano fueron puestas en cuestión por la ciencia experimental, el interés por contrastar las verdades reveladas con la experiencia sensible, llevó a las nuevas generaciones de pensadores, a recorrer el globo terráqueo más allá de los límites conocidos. Por ello, será éste el siglo de los descubrimientos científicos y de la exploración del mundo natural; y entre las interrogantes planteadas, destacaba la de conocer lo que realmente existía en el vasto océano que separaba al occidente de América, del oriente de China y la India. Y, sobre todo, cuál podría ser la vía más corta para conectarlas.

Entre las muchas obras publicadas a ese respecto, destacó la escrita por Arthur Dobbs, de origen irlandés, titulada: Un resumen de todos los descubrimientos que se han publicado de las islas y países adyacentes al gran océano occidental entre América, India y China, etc., señalando las ventajas que se pueden obtener si se encuentra un paso corto a través del estrecho de Hudson hasta ese océano. (1744). Si bien esta obra plantea la construcción de un paso entre ambos océanos muy al norte de Canadá, lo cual lo hacía tan poco atractivo como el paso por el estrecho de Magallanes al sur del Río de la Plata, su éxito se debió a que puso en evidencia la necesaria y urgente conexión que debía establecerse entre el Atlántico y el Pacífico, a fin de asegurar la superación de la grave crisis provocada por una revolución industrial que exigía no sólo una vía segura sino más rápida, para la salida de la producción de las nuevas mercancías. Salida que para la Europa no española resultaba ilusorio plantearla atravesando territorios ajenos; como lo eran las posesiones de la corona borbónica en el Caribe; a menos que se lograra primero la liberación total de esas colonias en América.

La misma obra contenía, además, un cálculo de cómo aumentarían las exportaciones al construirse ese paso entre los dos océanos y, sobre todo, un cálculo de las ganancias que este paso le traería a comerciantes y gobiernos de ambos lados del mundo.

Miranda no sólo leyó este libro sino también otros publicados sobre el mismo tema, y sabrá utilizar esta idea para despertar aún más el interés de los ingleses por lograr la independencia de toda la América Española; lo que significaba, al mismo tiempo, la real posibilidad de construir ese canal por la parte más estrecha de tierra que separaba ambos mundos, y al que España se seguía oponiendo.

Una vez de nuevo en Inglaterra, luego de su recorrido de cuatro años por gran parte de Europa, norte de África y el imperio ruso, Miranda se siente ya preparado para echar a andar su plan de liberación de todo el territorio americano en posesión de España. Su primer gran paso será tratar de conseguir la aquiescencia y el financiamiento del gobierno inglés; tradicionalmente enfrentado a España y Francia, tanto en Europa como en el Caribe. Será Thomas Pownall, miembro del Parlamento y antiguo gobernador en algunas provincias norteamericanas antes de su independencia, quien le consiga la entrevista y lo acompañe en su primera conversación con William Pitt.

Las ideas discutidas en esta reunión, celebrada el 14 de febrero de 1790, en Hollwood, casa de campo del Primer Ministro inglés, serán plasmadas por Miranda en su primera Propuesta para la Independencia americana; presentada al gobierno inglés y a la que hemos hecho referencia en publicaciones anteriores. En ella, además de formular la razón substancial que lo mueve a solicitar el apoyo de Inglaterra para que la América del Sur  pueda “sacudir la opresión infame en que la España la tiene constituida”, Miranda le ofrece a la nación inglesa como retribución, además de “un vastísimo comercio” y tesoros con los que se le pagarían puntualmente los servicios que ésta le preste, otras ventajas como “la posibilidad de formar sin mayor dificultad un canal de navegación en el istmo de Panamá, que facilite el comercio de la China y del Mar del Sur, con innumerables ventajas para la Inglaterra, América, etc.”

A medida que el proyecto de independizar América de toda forma de sujeción política, económica y cultural se fue perfeccionando, la idea de construir ese Canal se hizo un arma estratégica para lograr el apoyo requerido.

Así, vuelve a retomar el tema en el Acta de París, de 1797, cuando huyendo de la persecución del gobierno napoleónico y decepcionado por la ruta tomada por el gobierno revolucionario francés, decide regresar a Inglaterra y replantear su proyecto independentista de América a las autoridades del momento; ya no como una aspiración individual sino como una solicitud colectiva que involucra a otros americanos conscientes de la imperiosa necesidad de liberar definitivamente su patria del dominio español. Como también lo reafirmará, con mucha fuerza, en su más completo alegato sobre la urgente necesidad de hacer realidad la Independencia de la América del Sur, por tantos siglos espiritualmente oprimida y materialmente saqueada por la Corte de Madrid; como lo es su Proclama a los Pueblos del Continente Colombiano, alias Hispanoamérica, de 1806.

Pero en Miranda, Panamá no sólo se convertiría en el centro del comercio entre ambos océanos, sino que por su propia ubicación geográfica en la Colombia liberada y constituida en nación desde el Mississippi hasta la Patagonia, simbolizará igualmente el centro físico de tan vasto territorio y, en consecuencia, se convertirá también en su centro político; ubicándose allí el Concilio Colombiano, especie de Congreso General de Colombia, así como los dos Incas (nombre americano para el gobernante máximo) que detentarán el Poder Ejecutivo; como queda bien explícito en sus diversos Proyectos Constitucionales. Para todo lo cual, el Canal se convertía en una urgente necesidad.

T/ Carmen Bohórquez
F/Tomado del «Atlas de los Estados Unidos de Colombia, antigua Nueva Granada», 1865

 

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