«Cada época tiene su fascismo: sus señales premonitorias se evidencian por doquier. (…) Niega al ciudadano la posibilidad y la capacidad de expresar y actuar su propia voluntad. A esto se llega de muchas maneras y no necesariamente con el temor de la intimidación policíaca; sino negando o distorsionando la información, contaminando la justicia.»
— Primo Levi
I.
Desde Venezuela envío un saludo fraterno y un agradecimiento profundo a la directiva del Movimiento Poético Mundial, y de manera especial al poeta Fernando Rendón, cuya solidaridad activa y constante ha acompañado al pueblo venezolano a lo largo de todo el proceso bolivariano. Esa solidaridad no ha sido retórica: ha sido presencia, escucha, palabra compartida y compromiso ético.
Muchos de los poetas que integran este movimiento han visitado mi país. Han caminado sus calles, han compartido con su gente y han constatado que Venezuela es un pueblo pacífico y hospitalario, culto y sensible, profundamente comprometido con las causas justas de la humanidad. Han podido comprobar que no representamos una amenaza para ningún país de la región, ni mucho menos para una potencia nuclear como los Estados Unidos, que en 2015 declaró de manera infame a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria”.
Somos, sí, una revolución socialista. Y somos también una democracia regida por una Constitución nacida del debate popular y refrendada por el voto del pueblo en 1999 con el respaldo del 71,78% de los electores, constituyendo uno de los consensos nacionales más amplios de nuestra historia. Nuestra democracia es directa y participativa, organizada en cinco poderes públicos y profundamente distinta a los regímenes occidentales basados en formas de representación indirecta. En veintiséis años de Revolución Bolivariana se han celebrado veintiocho procesos electorales, incluidos dos referendos nacionales.
Desde 2024 se han reactivado las consultas populares para que las comunidades decidan de manera directa sus proyectos de desarrollo. Sin embargo, desde el origen mismo de este proceso, los grandes medios corporativos y las élites políticas que gobiernan Europa y los Estados Unidos han insistido en presentar a Venezuela como un régimen autoritario y dictatorial. Esa narrativa no es política: es económica.
Venezuela posee la principal reserva petrolera certificada del mundo, vastas reservas de gas, oro, coltán, cobre y plata, además de una inmensa biodiversidad, grandes reservas de agua dulce y una posición geoestratégica privilegiada. Desde el triunfo de nuestra independencia republicana dirigida por el gran Simón Bolívar y la consecuente caída del imperio español en el continente, este territorio ha sido uno de los más codiciados por las potencias mundiales.
Y esta es la única razón por la cual durante más de dos décadas se ha intentado deslegitimar, aislar y criminalizar al Estado venezolano: preparar a la opinión pública mundial para justificar cualquier forma de despojo disfrazada de democracia, de derechos humanos y de libertad: los mismos pretextos que se usaron para invadir Irak, Afganistan, Libia por poner apenas 3 ejemplos.
En los últimos cien años, Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro Moros han sido los presidentes que con mayor firmeza defendieron la soberanía nacional y se opusieron frontalmente a la Doctrina Monroe del imperialismo norteamericano, impulsando la integración latinoamericana y caribeña como una patria grande de desarrollo compartido. De ese impulso nacieron organismos como la CELAC, UNASUR y el ALBA.
La historia venezolana ofrece una larga lista de Presidentes, de distintas corrientes ideológicas, derrocados por esta misma razón: el petróleo. Cipriano Castro fue derrocado en 1908; Isaías Medina Angarita, en 1945; el escritor y presidente Rómulo Gallegos, en 1948. Hugo Chávez fue derrocado en 2002 y restituido apenas veinticuatro horas después por el pueblo movilizado en las calles.
El presidente Nicolás Maduro Moros ha sido objeto de sabotajes económicos, campañas de bloqueo, intentos de golpe de Estado en 2017 y 2020, un intento de Magnicidio, hasta culminar en su secuestro ilegal y criminal el pasado 3 de enero de 2026.
II.
El bombardeo criminal, acompañado de ataques cibernéticos y electromagnéticos que culminaron con el secuestro ilegal del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y de su esposa, la Primera Dama y diputada Cilia Flores, debe comprenderse como el punto culminante de un largo proceso de injerencia, conspiración y sabotaje dirigido por el gobierno de los Estados Unidos desde al menos el año 2019.
Durante el primer mandato del presidente Donald Trump se activó una política de hostilidad abierta contra Venezuela. Las sanciones impuestas a la industria petrolera redujeron los ingresos nacionales en más de un 99%, generando un impacto devastador sobre la vida social y los derechos humanos del pueblo venezolano. Este asedio económico constituye una de las causas estructurales de la diáspora venezolana hacia América Latina, Europa y Norteamérica.
Estas medidas no actuaron de forma aislada. Fueron acompañadas por operaciones encubiertas de la CIA, por el financiamiento de la USAID, a factores de derecha y extrema derecha, y por múltiples intentos de Magnicidio contra el presidente Nicolás Maduro, entre ellos la Operación Gedeón y el primer atentado con drones explosivos hacia un mandatario: hechos sin precedentes en la historia política contemporánea.
Paralelamente, se promovió un gobierno paralelo cuya única función fue el despojo ilegal de activos de la República: el oro venezolano retenido en bancos del Reino Unido, fondos bloqueados en Portugal y empresas estratégicas como CITGO en los Estados Unidos y Monómeros en Colombia.
Estos antecedentes forman parte inseparable del expediente del bombardeo ilegal perpetrado contra la ciudad de Caracas el 3 de enero de 2026, que costó la vida de militares venezolanos y cubanos, de civiles inocentes, dejó más de un centenar de heridos de gravedad y ocasionó daños severos a infraestructuras de salud, científicas y residenciales. Quiero resaltar como crimen de guerra contra la Unidad de Diálisis en el estado La Guaira.
Lo ocurrido ese día constituye una de las más graves violaciones de la soberanía nacional de un país latinoamericano en la historia reciente y expresa el colapso del derecho internacional como marco regulador de la convivencia entre naciones. El mundo se asoma así a una era de oscurantismo geopolítico, donde la ley es sustituida por la fuerza, y la barbarie del más poderoso pretende imponerse como norma.
Con esta exposición desmentimos las matrices de opinión emanadas de los mismos centros hegemónicos que durante veintiséis años estigmatizaron a la Revolución Bolivariana y que hoy intentan justificar esta atrocidad. En Venezuela no hubo traición ni entrega. Hubo resistencia y dignidad frente a una agresión desmesurada y cobarde.
La madrugada del 3 de enero de 2026, el presidente Nicolás Maduro Moros decidió evitar una masacre y enfrentar la agresión por las vías legal, jurídica, diplomática y política, en estricto apego al derecho internacional. No fue rendición, sino responsabilidad histórica.
III.
El 19 de agosto de 2025, el gobierno de los Estados Unidos sorprendió al mundo con un despliegue militar desproporcionado en el Caribe, movilizando flotas submarinas y aeronaves artilladas en una operación inédita de amedrentamiento contra los países de la región y contra la soberanía de Venezuela en particular.
Este despliegue fue acompañado por una narrativa débil e inverosímil que pretendía vincular al Estado venezolano con el llamado “Cartel de los Soles”. Como demuestran documentos de organismos internacionales y de agencias estadounidenses, Venezuela nunca ha sido un país relevante en el tráfico internacional de drogas. No existen en su territorio cultivos, pistas ni infraestructuras propias de carteles. El 95% de la droga que entra a Estados Unidos y Europa transita por el océano Pacífico, no por el Caribe. Durante más de quince años, Venezuela ha sido un país activo y consistente en el combate contra el tráfico ilícito de drogas. Sólo en el 2025 fueran neutralizadas 40 aeronaves provenientes de Colombia e incautadas casi 70 toneladas de drogas destinada a mercados estadounidenses y europeos. Dicho esto, cabe resaltar que en Venezuela no se produce —ni se ha producido jamás— Fentanilo, que es, según los propios organismos de salud norteamericanos, la droga que mayor impacto negativo causa a la población de ese país.
El supuesto “Cartel de los Soles” constituye un falso positivo más, una operación de propaganda y falsa bandera destinada a justificar acciones militares ilegales como las perpetradas contra Venezuela, y otras que pudieran ser ejecutadas contra México, Colombia, Nicaragua, Cuba o cualquier país que se le antoje al gobierno de EE.UU.
La narrativa del Cartel de los Soles, ha sido cuestionada previamente por organismos estadounidenses y desestimada como causa jurídica apenas 24 horas después de la presentación del presidente Nicolás Maduro Moros ante tribunales neoyorquinos. Altas autoridades del propio gobierno de los Estados Unidos han reconocido que dicho Cartel no existe. Para mayor escándalo, el Presidente de ese país ha reconocido públicamente y con inusual descaro, que su interés central en Venezuela es el petróleo.
IV.
Como vicepresidente sectorial de Comunicación y Cultura, y como poeta miembro activo de esta organización, certifico que, tras el bombardeo criminal contra la ciudad de Caracas, el Gobierno Bolivariano se mantiene en pie, haciendo valer el hilo constitucional. De conformidad con la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, corresponde a la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, asumir la Presidencia Encargada, reconociendo que el único presidente legítimo de Venezuela es Nicolás Maduro Moros, y se encuentra secuestrado en los Estados Unidos y sometido a un juicio espurio e ilegal. Él y su esposa, la diputada Cilia Flores, son prisioneros de guerra, en pleno siglo XXI.
Su liberación se ha convertido en causa de unión nacional y en la primera reivindicación de nuestra soberanía y de nuestros derechos políticos como nación. Hoy, Nicolás Maduro Moros y su esposa, la diputada Cilia Flores, son símbolos de lucha, como lo fue Mandela en su momento. Hoy libramos junto a ellos una batalla diplomática, política y jurídica que concentra la causa fundamental de nuestro país y que debe llamar a la solidaridad activa del Sur Global, amenazado por la nueva doctrina imperial. Encuestas realizadas en los propios Estados Unidos muestran un rechazo superior al 70% de su población a las operaciones militares contra Venezuela y al secuestro de su Presidente. Esto evidencia que la operación militar fue una victoria táctica y al mismo tiempo una derrota estratégica toda vez que tanto la narrativa falsa contra Venezuela, como las acusaciones contra nuestro Presidente, se han derrumbado dejando al desnudo la verdadera causa de este crimen político y de guerra: siempre ha sido la sed de petróleo lo que motiva a los gobiernos demócratas y republicanos de los Estados Unidos a desprestigiar y agredir moral, política, económica y militarmente a nuestra noble República.
Convocamos a la humanidad a comprender la gravedad del momento histórico que atravesamos. Este tiempo exige de los pueblos —y especialmente de los intelectuales, artistas y poetas— una participación activa y una sensibilidad alerta frente a lo que constituye un acto de barbarie contra un país y una amenaza contra el sistema-mundo. Hoy Groenlandia está en la mira.
Venezuela no es ni será jamás un protectorado de los Estados Unidos ni de ninguna potencia. Todos los acuerdos discutidos con posterioridad a los ataques habían sido propuestos previamente por el presidente Nicolás Maduro Moros, quien insistió de manera permanente en el diálogo y en una salida política y diplomática frente a la amenaza militar. Fue Donald Trump quien en 2019, impuso sanciones petroleras y obligó a las empresas norteamericanas a salir de Venezuela, como quedó en evidencia en la más reciente reunión en la Casa Blanca con compañías petroleras. Fue Donald Trump quien bloqueó comercialmente a Venezuela e impidió que las empresas de bienes y servicios de su país operaran en el nuestro. Fue Donald Trump quien se negó en su primer gobierno, a reconocer las instituciones republicanas y cerró el diálogo con nuestro gobierno, inventando un gobierno paralelo y títere encabezado por un agente nacional llamado Juan Guaidó. Todo lo que hoy pretende exhibir el presidente Trump como victoria, se hubiese podido resolver con una llamada telefónica como se espera de gobiernos civilizados regidos por valores modernos y mecanismos legales. No tendrían que haber muerto 100 soldados venezolanos y cubanos, no tendrían que estar heridos más de 100 civiles, no tendrían que estar heridos decenas de soldados norteamericanos ni haberse puesto en riesgo la paz continental. Fue la arrogancia supremacista quien se impuso y cruzó las líneas rojas de lo moralmente aceptable y lo legalmente tolerable.
Queridos poetas, estos son los hechos. Esta es la verdad. El pueblo venezolano jamás se rendirá. El presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, jamás se rendirán ante el fascismo moderno y hemos pasado a una nueva fase de nuestra lucha: la diplomacia bolivariana de paz.
El desafío que hoy enfrentamos no es solo venezolano, sino latinoamericano, caribeño y humano: defender la verdad y restituir el respeto a la autodeterminación de los pueblos.
Es hora de despertar.
