En una escalada bélica sin precedentes, fuerzas militares de Estados Unidos e Israel ejecutaron este sábado un bombardeo conjunto contra más de 30 objetivos estratégicos en territorio iraní. La agresión imperialista no se limitó a instalaciones militares, sino que apuntó directamente al corazón del Estado persa, alcanzando sedes ministeriales, la Agencia de Energía Atómica y la oficina del Líder Supremo.
Reportes confirman explosiones en el Palacio Presidencial y el Aeropuerto de Mehrabad en Teherán, evidenciando una operación diseñada para descabezar el liderazgo político de la nación y desarticular sus instituciones soberanas bajo el pretexto de un «ataque preventivo».
Agencias oficiales de noticias como IRNA fueron hackeadas como parte de una estrategia de guerra híbrida destinada a silenciar la voz de la nación agredida y generar caos informativo. Mientras Washington y Tel Aviv coordinaban los bombardeos sobre complejos estratégicos como Parchin, el régimen israelí declaró el estado de emergencia total y cerró su espacio aéreo ante la inminente respuesta defensiva de las fuerzas iraníes.
Desde el parlamento iraní, el jefe de la Comisión de Seguridad Nacional, Ebrahim Azizi, sentenció que el bloque agresor inició un camino cuyo final ya no está bajo su control. Irán procedió al cierre inmediato de su espacio aéreo y activó sus protocolos de defensa tras las advertencias previas sobre las consecuencias de cualquier error estratégico de Occidente.
La comunidad internacional observa con alarma como Estados Unidos e Israel utiliza su superioridad tecnológica para destruir la infraestructura civil y política de una nación soberana que se niega a doblegarse. Mientras la resistencia iraní deja claro que la soberanía nacional no es negociable y que cada impacto en su territorio encontrará una respuesta contundente en defensa de su autodeterminación.
En ese sentido la Operación Promesa Veraz 4, por parte de la República Islámica fue lanzada como una contraofensiva con misiles balísticos contra instalaciones militares de Estados Unidos en Qatar, Bahréin, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos. Asimismo, el Ministerio de Asuntos Exteriores iraní confirmó impactos y columnas de humo en puntos estratégicos como la base de la Quinta Flota en Bahréin y la base de Al Udeid en Qatar, tras la violación directa de su soberanía por parte del eje Washington-Tel Aviv.
Testigos en Abu Dabi y Kuwait reportaron fuertes estallidos que marcan el inicio de una respuesta defensiva legítima ante la agresión conjunta que bombardeó centros gubernamentales en Teherán. La Comandancia de la Guardia Revolucionaria declaró que todos los recursos e intereses de Washington en la región son ahora objetivos militares legítimos, cumpliendo con las advertencias previas sobre las consecuencias de cualquier ataque imperialista.
Ebrahim Azizi, jefe del Comité de Seguridad Nacional, sentenció que la provocación israelí-estadounidense desató un proceso cuyo final ya no depende de la voluntad de Teherán. Ante la gravedad de la situación, las autoridades aeronáuticas iraníes ordenaron el cierre del espacio aéreo y llamaron a la población a mantenerse en alerta máxima, mientras el ministro de Defensa de la ocupación, Israel Katz, ratificaba una estrategia de guerra abierta y planificada contra la nación persa.
Este nuevo episodio de violencia ocurre apenas meses después de la agresión de junio de 2025 y solo un día después de que Israel y Estados Unidos sostuvieran reuniones en Ginebra sobre el acuerdo nuclear, evidenciando que el diálogo fue una distracción para ejecutar este ataque traicionero. El historial de asedio sistemático contra Irán demuestra el desprecio de las potencias occidentales por la paz y la integridad territorial de los pueblos del Sur Global.
Con esta contraofensiva, Teherán reafirma su derecho a la defensa propia frente a un imperialismo que busca apropiarse de los recursos regionales y desestabilizar Oriente Medio mediante el bombardeo de centros científicos y civiles.
